¿A qué edad pueden los hijos decidir con quién vivir en caso de separación o divorcio?

A qué edad los hijos pueden decidir con quién vivir

En caso de separación o divorcio, ¿los hijos pueden decidir con quién prefieren vivir? Es una duda que surge a los padres en este proceso de ruptura de la pareja. Y es más frecuente de lo que pensamos que surjan desavenencias entre hijos/as y padres/madres, que implican un cambio de domicilio.

Cada día es más habitual esta pregunta. Hay hijos menores que se creen con el poder de decidir con cuál de sus padres va a residir.

¿Tienen los menores el poder de decidir con cuál de sus padres deben estar?

Los hijos menores de edad no deciden puramente sino que, en caso de conflicto entre los progenitores, será un Juez quien determine cuál es la mejor opción de custodia para ellos.

A la vista de las circunstancias de la familia y de la relación entre todos los integrantes de la misma, se establecerá una custodia individual o una custodia compartida.

Sin embargo, la opinión de los menores sí se tiene en cuenta. Según la Declaración de los Derechos Del Niño, los menores tienen derecho a ser oídos especialmente en las resoluciones que les afecten.

¿A partir de qué edad pueden elegir los niños con quién vivir?

La respuesta real es que lo expresará en cualquier momento, a partir de que tenga la madurez suficiente para hacerlo.

La diferencia y lo que marca la edad de los 12 años es el tipo de intervención:

  • Exploración del menor: cuando el menor tiene 12 años o más, se entrevistará directamente con el Juez y el Fiscal
  • Informe psicosocial: cuando el menor no ha alcanzado los 12 años, será escuchado a través una prueba realizada por psicólogos que será remitida al Juez como un informe.

Por tanto, la opinión de los menores se tiene en cuenta siempre, aunque ello no implique que se dicte una Sentencia conforme a lo manifestado por el menor.

Tengamos en cuenta que en determinadas edades, los preadolescentes y los adolescentes cambian de opinión constantemente. Según si se cumplen o no sus expectativas o deseos, estarán más predispuestos a relacionarse con un progenitor u otro.

La edad es un factor importante en este sentido. Lógicamente, si un chico de 15 años manifiesta que desea estar el mismo tiempo con su padre y con su madre, tendrá mayor peso que si lo expresa un menor de 7 años.

A éste último, el psicólogo que realice la evaluación le realizará preguntas relacionadas con sus rutinas, con sus preferencias con las actividades que hace con su padre y con su madre.

Entre otros motivos, porque la autonomía del chico de 15 años supondrá que él irá cumpliendo con el régimen de visitas o custodia teniendo en cuenta su propio criterio. A determinadas edades priorizan las relaciones sociales, los estudios, las actividades deportivas antes que el cumplimiento exacto de un régimen de visitas o estancias con cualquiera de sus progenitores.

Ejemplo: ¿Cuándo podrá ser oído el menor?

Imaginemos que tras una discusión importante, una niña de 13 años no quiere tener contacto con su madre. Supongamos que tiene la custodia compartida, pero se niega a irse con su madre la semana que le corresponde estar con ella. ¿Cuál es la solución?

Jurídicamente, podríamos ejecutar la Sentencia de divorcio o separación exigiendo que se cumpla. Podríamos averiguar si el padre tiene influencia en la menor para evitar que ésta se relacione con su padre.

Para todo ello, sería necesario que la menor fuera escuchada por un psicólogo al que poder manifestar qué problema la está alejando de su madre, más allá de que se realizase la exploración de la menor por parte del Juez en presencia del Fiscal.

En este supuesto -sé que es simplificar mucho la cuestión pero es a título de ejemplo- lo mejor que podría hacer la madre es volver a ganarse la confianza y retomar la relación con su hija.

Si no hay intervención negativa por parte del padre (manipulación para ponerla en contra de su madre), sino que se trata de una negativa de la menor puramente, habrá que llegar al fondo de la cuestión y saber qué motivos reales han alejado la relación entre la madre y la hija.

A partir de ahí, se abrirían las opciones para retomar esa relación (o bien terapia familiar, o un coordinador de parentalidad, o retomar las visitas progresivamente, etc.).

Por experiencia, cuando estas situaciones ocurren, lo peor que puede hacer el progenitor agraviado (en este ejemplo, la madre) es forzar la situación. La cuestión no es fácil porque aceptar que nuestro hijo/a no quiere vernos es inadmisible y seguramente necesitemos encontrar un culpable (el padre en este ejemplo).

El tiempo y seguir las técnicas que nos propongan los profesionales, puede ayudar a que la ruptura no sea duradera y que la situación se pueda reconducir.

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