¿Qué hacer cuando un hijo no quiere ver a su padre?

Hijo no quiere ver a su padre

Hay ocasiones en que los menores con edad preadolescente o adolescente se niegan a irse con uno de sus progenitores.

Vamos a explicar cuáles son las posibles soluciones tanto para el padre que no ve a su hijo como para la madre que ostenta la custodia y se encuentra con que su hijo no quiere irse con su padre.

A lo largo de este artículo analizamos los dos puntos de vista:

  1. “Mi hija no quiere verme”, es la llamada que nos hace un padre desesperado que de repente se encuentra con que su hija de 14 años no quiere continuar yéndose con él los fines de semana.
  2. “Mi hijo no quiere irse con su padre”. La otra cara de la moneda. Cuando es el hijo el que no quiere irse con su padre, ¿cómo debe actuar una madre?

Desde el punto de vista del padre: "Mi hijo no quiere verme"

Lo primero que debemos averiguar es qué ha ocurrido. Por qué un hijo no quiere ver a su padre o no quiere cumplir el régimen de visitas.

  • Normalmente, habrá ocurrido de manera progresiva que padre e hijo estén más distantes, que haya habido alguna resistencia por parte del menor. Es posible que las últimas veces que estuviera con su padre, se quedara encerrada en su habitación y no interactuara con el resto de la familia, sin un motivo aparente.
  • En otras ocasiones no ocurre así. Cuando el padre recibe tal comunicación es como un jarro de agua fría. Los últimos días que compartieron juntos lo pasaron bien, no hubo desencuentros y la hija o el hijo no han dado ningún signo de no estar a gusto y ha participado en las actividades familiares.

¿Por qué mi hijo no quiere cumplir el régimen de visitas?

Tanto en un supuesto como en otro, lo deseable es que hubiera comunicación entre los progenitores y entre ambos pudiesen averiguar qué ha llevado a los menores a tomar semejante decisión.

Nos encontramos supuestos en que no es con el padre con quien existe el problema realmente sino con la nueva familia que ha creado o simplemente no tiene nada que hacer en su entorno. Bien porque no haya otros jóvenes de su edad o porque no se propongan actividades en familia que le resulten interesantes, no está a gusto en el entorno paterno.

No es un conflicto con el padre sino que se aburre o sale de su círculo habitual y no está dispuesto a renunciar a estar con sus amigos o a realizar las actividades que normalmente hace en el domicilio de su madre.

Si los progenitores tienen una relación cordial, pueden intentar amoldar la situación, bien modificando el régimen de visitas de mutuo acuerdo o bien aplicándolo con cierta flexibilidad en algunas ocasiones. 

En caso de que no haya buena relación entre los progenitores, es frecuente que se utilice alguna reticencia del menor al entorno del padre para “invitarle” a que no cumpla el régimen de visitas o darle la posibilidad de que elija qué hacer.

Ahí estaremos entrando en un enfrentamiento directo entre progenitores:

  • El padre pensará que está manipulando al menor para que no vaya con él.
  • La madre sospechará que algo habrá hecho el padre (o dejado de hacer) para que su hijo no quiera cumplir el régimen de visitas.

¿Qué hago si mi hijo no quiere verme?

Si eres el progenitor perjudicado, ponte en contacto con la madre de inmediato para conocer qué está pasando. Si no hay comunicación, se puede realizar un requerimiento previo a través de tu abogado o acudir directamente a la vía judicial. 

Desde luego, judicializar a los menores no es la mejor de las opciones posibles. Es frecuente que se consiga el efecto contrario, a menos que podamos demostrar que el menor está manipulado y que ha sido el otro progenitor (y no el hijo) quien está incumpliendo las visitas.

Lo más efectivo es acudir a un psicólogo especializado que os ayude a entender la situación, saber qué ha ocurrido, qué motivos llevan al hijo a no querer irse con su padre.

Al mismo tiempo, el psicólogo os ayudará a encontrar las herramientas para retomar la relación, para saber cómo actuar entre vosotros como progenitores y con vuestro hijo para que la situación familiar vuelva a ser la que era antes de la negativa a cumplir el régimen de visitas.

¿Cómo reclamar judicialmente el cumplimiento del régimen de visitas?

Si no hay otras opciones, bien porque el otro progenitor no colabora o porque se niega a que el menor acuda a ser valorado por un psicólogo y se han hecho los requerimientos oportunos sin ningún éxito, tenemos varias opciones en vía judicial:

La vía civil

Ejecutar la Sentencia de divorcio o separación y exigir a la madre que se cumplan las visitas. La madre tendrá que alegar los motivos por los que no se está cumplimiento y conoceréis las causas que están justificando el incumplimiento.

En función de la edad de los menores, si se considera necesario por los motivos del incumplimiento, se realizará:

Si no existiere ninguna causa justificada, lo habitual es que el Juez dicte Auto de Ejecución instando a que se cumpla el régimen de visitas establecido.

En función de los motivos de oposición y de las razones alegadas por los menores, se puede modificar el régimen de visitas para adecuarlo a la situación actual.

La vía penal

Si ya has utilizado la vía civil y la madre continúa sin cumplir el régimen de visitas puedes presentar una denuncia por incumplimiento de Sentencia.

Aunque el abandono de familia se haya despenalizado (ya no es delito incumplir el régimen de visitas), sí lo es incumplir una Resolución Judicial de manera grave y reiterada (artículo 556 Código Penal).

Las denuncias presentadas en comisaría por incumplimiento de régimen de visitas no suelen tener relevancia penal, suelen ser archivadas pero son una forma de alegar que se ha intentado cumplir el régimen de visitas y por la otra parte hay una negativa a la entrega del menor.

Por ello, es importante presentarlas, llamar a la policía y que acuda al lugar y levante Acta de lo ocurrido. De lo contrario, hay progenitoras que alegarán que es el padre quien no lo cumple.

Desde el punto de vista de la madre: “Mi hijo no quiere irse con su padre”

La otra cara de la moneda al incumplimiento de visitas es cuando es el hijo quien no quiere irse con su padre, ¿cómo debe actuar una madre?

¿Qué hago si mi hijo no quiere irse con su padre?

Es la llamada que nos hace una progenitora que no entiende qué ha ocurrido para que su hijo de repente no quiera irse durante el próximo fin de semana con su padre.

Por supuesto, lo primero que debe hacer la madre es tener una conversación con su hijo y hacerle ver que debe relacionarse tanto con su padre como con su madre y escuchar los motivos que alega el menor para no cumplir el régimen de visitas.

Si no lo consigue, lo primero que debería hacer la madre es avisar al padre de la situación. Esa comunicación deberá realizarse por algún medio fehaciente; es decir, dejando constancia de dicha comunicación.

Lo deseable sería una conversación entre ambos progenitores para resolver la situación y entender qué motivos tiene el hijo o la hija para negarse a cumplir el régimen de visitas.

Sabemos por experiencia que dicho diálogo entre progenitores no es fácil:

  • El padre piensa que la madre está interviniendo para evitar el contacto con él.
  • La madre opina que el padre no se ha ocupado debidamente y ello ha ocasionado la negativa de su hijo.

¿Por qué motivos mi hijo no quiere cumplir el régimen de visitas?

La madre debe escuchar a su hijo y, en función de los motivos que alegue el menor para no irse con su padre, deberá actuar en consecuencia.

Si el hijo alega alguna situación de maltrato o algún episodio que pueda fundamentar su negativa a irse con su padre, deberá la madre asegurarse de qué ha ocurrido.

Para ello, acudir a un psicólogo especialista es lo más aconsejable. Un profesional que determine qué ha ocurrido, que pueda detectar que el menor está diciendo la verdad (no siempre es así) y cuáles son las mejores opciones para él.

¿Cómo suspender o restringir el régimen de visitas?

Si hay motivos para ello, es necesario solicitar por vía de medidas cautelares que se suspenda o restrinja el régimen de visitas. Se iniciará un procedimiento judicial con intervención del Ministerio Fiscal y ambos progenitores donde se acreditará la realidad de las afirmaciones realizadas por el menor.

Para ello, se practicará la prueba por parte del equipo psicosocial y si la edad del menor lo permite, la exploración del menor donde Juez y Fiscal escucharán los motivos para modificar el régimen de visitas actual.

Conversaciones entre las partes, informes médicos o fotografías pueden ser pruebas que acrediten situaciones de maltrato o de abusos. Nos encontramos en el despacho con menores que están padeciendo el alcoholismo de sus progenitores y que no tienen por qué vivir situaciones en las que su padre no está en condiciones de hacerse cargo de ellos.

Modificación del régimen de visitas

Si no hay motivos de preocupación (ni maltrato ni abusos ni situación de riesgo para el menor), se intentará una modificación de medidas acorde a la nueva situación del menor donde se solicitará que se reduzca el régimen de visitas o se adapte a la edad del hijo y a sus circunstancias, intentando que la relación no se interrumpa definitivamente.

Para que la tramitación sea más ágil, en caso de negativa rotunda del menor y conflicto entre los progenitores, es recomendable iniciar unas medidas provisionales con la demanda de modificación de medidas.

De este modo, se podrá reducir o adecuar el régimen de visitas de manera previa a la realización del informe psicosocial, que normalmente provocará un retraso en la tramitación del procedimiento.

Apoyo psicológico

La práctica nos dice que aunque existan formas de forzar el cumplimiento del régimen de visitas, como la ejecución de la Sentencia por parte del Juzgado, si el hijo no quiere irse con su padre la madre no podrá o no querrá obligarlo. 

¿Cómo vas a obligar a tu hijo adolescente a que se vaya con su padre si manifiesta no estar a gusto, si asegura sufrir ansiedad cuando tiene que realizar las visitas y sabes que si fuerzas la situación no va a sentirse bien con él ni contigo?

Es habitual que la motivación del menor venga justificada por:

  • Nueva familia o pareja del padre.
  • No querer salir del domicilio y entorno materno donde tiene su círculo más próximo.
  • Aunque desgraciadamente es frecuente que se vean inmersos en conflictos adultos y acaben tomando partido por alguno de los dos progenitores, negándose a relacionarse con el otro con normalidad.

En estos casos, la mediación o la intervención de la familia por parte de un psicólogo especialista será una de las herramientas más adecuadas para retomar las relaciones familiares.

Si te encuentras en cualquiera de estas situaciones, no dudes en solicitar asesoramiento de un abogado especialista en derecho de familia para que te guíe paso a paso. Ponte en contacto conmigo e infórmate.

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