La mala relación entre los padres y la custodia compartida, ¿cómo afecta?

La mala relación entre los padres y la custodia compartida

En un procedimiento de separación o divorcio es frecuente que surjan discusiones, enfrentamientos o problemas entre los padres. Esto provoca una mala relación entre los progenitores y por tanto, nula comunicación entre ellos. Veamos cómo afecta la relación que tengan los progenitores a la hora de determinar la custodia compartida de los hijos.

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¿Qué requisitos valora el juez para establecer la custodia compartida?

Como sabemos, según el Tribunal Supremo, la custodia compartida es el régimen normal y deseable que deberá prevalecer en todas las ocasiones, salvo que existan circunstancias especiales que no lo aconsejen.

Gracias a este sistema de custodia compartida ambos progenitores pueden estar presentes en la vida de su hijo en igualdad de condiciones, y el hijo en común puede disfrutar de sus padres de la misma manera.

La jurisprudencia ha elaborado una serie de criterios para otorgar la custodia compartida:

  • Práctica anterior a la separación o al divorcio de los progenitores en relación al hijo en común.
  • Habilidades parentales para ejercer este tipo de custodia.
  • El deseo manifestado por los hijos, siempre que tengan la suficiente madurez.
  • Número de hijos.
  • El cumplimiento de los deberes parentales por parte de los progenitores en relación con los hijos.
  • El respeto mutuo en las relaciones personales y con el resto de personas que convivan en el hogar familiar.
  • El resultado de los informes exigidos legalmente.
  • Ubicación de los domicilios de los progenitores.
  • Cualquier otra circunstancia que pudiera ser relevante atendiendo al caso concreto, como, por ejemplo, la situación laboral del padre o madre.

¿Se puede otorgar la custodia compartida aún cuando hay mala relación entre los progenitores?

Existen sentencias que evitan otorgar la custodia compartida cuando hay mala relación entre los progenitores. Sin embargo, este requisito ha ido limándose y únicamente cuando esa mala relación afecte a los hijos, será relevante para establecer o no la custodia compartida.

El Tribunal Supremo ha venido reiterando que las malas relaciones entre los cónyuges no pueden ser por sí mismas causas determinantes para denegar el régimen de guarda y custodia compartida, que en todo caso debe ser el régimen normal y no excepcional.

Esta línea argumental fue la que se puso de manifiesto por la Sentencia del Tribunal Supremo de 22 de julio de 2011, y posteriormente ya ha sido adoptada por numerosas resoluciones, como por ejemplo, la Sentencia del Tribunal Supremo de 29 de noviembre de 2013, que dice así:

Las relaciones entre los cónyuges por sí solas no son relevantes ni irrelevantes para determinar la guarda y custodia compartida. Solo se convierten en relevantes cuando afecten, perjudicándolo, el interés del menor (STS 22 de julio 2011 ), como sucede en supuestos de conflictividad extrema entre los progenitores, especialmente siempre que existan malos tratos, a causa de la continua exposición del niño al enfrentamiento. Y es el caso que, la genérica afirmación " no tienen buenas relaciones", no ampara por sí misma una medida contraria a este régimen, cuando no se precisa de qué manera dichas relaciones pueden resultar contrarias al interés de las menores”.

Al hilo de lo anterior, también encontramos resoluciones judiciales que establecen que las malas relaciones entre progenitores, no bastan para denegar el sistema de custodia compartida y establecer un régimen de custodia individual, como la Sentencia del Tribunal Supremo 43/2018, de 17 de enero de 2018 en la que establece que:

“La búsqueda del enfrentamiento personal entre ambos cónyuges no puede ser en si misma causa de denegación del sistema de guarda compartida, en cuanto perjudica el interés del menor que precisa de la atención y cuidado de ambos progenitores; sistema que, como ha recordado esta Sala, debe ser el normal y deseable. Lo que se pretende es aproximar este régimen al modelo de convivencia existente antes de la ruptura matrimonial y garantizar al tiempo a sus padres la posibilidad de seguir ejerciendo los derechos y obligaciones inherentes a la potestad o responsabilidad parental y de participar en igualdad de condiciones en el desarrollo y crecimiento de sus hijos, lo que parece también lo más beneficioso para ellos.”

Esto nos quiere decir que, en los casos en los que uno de los progenitores busca intencionadamente estos enfrentamientos para así sostener su pretensión y evitar una custodia compartida ya no es suficiente.

Los Tribunales valorarán detenidamente caso por caso y son claros a la hora de determinar su deliberación, estableciendo que NO es suficiente con acreditar una simple mala relación, sino que es necesario que estos enfrentamientos afecten a los menores, a su desarrollo y a su bienestar.

En conclusión, el Tribunal analizará cada caso en concreto, optando en primer lugar, por el régimen de guarda y custodia compartida como régimen normal y deseable, debiendo atender a la relación entre los progenitores entendida como condicionante de este tipo de convivencia, únicamente cuando perjudique al interés del menor.

La Sentencia del Tribunal Supremo 1206/2022 de 23 de marzo de 2022 estableció que la relación entre los progenitores no era la más adecuada pero, aún así, no perjudicaba a la menor y, por tanto, el enfrentamiento no era de la suficiente gravedad como para no adoptar la guarda y custodia compartida.

Conclusiones

En definitiva, nuestro Alto Tribunal se inclina hacia la guarda y custodia compartida como el régimen normal, ideal y deseable en todos los procedimientos de familia. En otras palabras, ninguna confrontación entre progenitores debería obligarnos a prescindir de este régimen.

El interés superior del menor es el criterio fundamental para determinar qué régimen de custodia es el más adecuado. Principio que se encuentra consagrado en el artículo 2 de la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor, artículo que establece que el interés superior del niño debe ser considerado primordial y prevalecer en todas las decisiones que lo afecten.

Únicamente cuando las discrepancias alcancen tal nivel que afecten a los hijos y a su interés superior se podrá evitar la custodia compartida por la mala relación entre progenitores.

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