La convivencia se ha vuelto imposible. Las discusiones aumentan, los hijos perciben la tensión y una de las dos personas piensa que lo más sensato es marcharse. Pero entonces aparece el miedo: “Si me voy de casa, ¿perderé la custodia? ¿Renunciaré a la vivienda? ¿Podrán acusarme de abandono del hogar?”.
Es una duda muy frecuente y también una de las decisiones que conviene preparar mejor. Mi recomendación general es clara: si no existe un riesgo para tu seguridad, no abandones la vivienda antes de haber alcanzado un acuerdo o de haber solicitado las medidas necesarias. La situación que se establezca de hecho durante las primeras semanas puede condicionar de manera decisiva lo que ocurra después.
